El verano está cada vez más cerca, con sus altas temperaturas y con las merecidas vacaciones perfilándose en el horizonte. El sol, las escasas precipitaciones y la necesidad de desconectar del trabajo —aunque sea durante unos días—nos hacen desear como nunca un buen viajecito.

No obstante, a pesar de las ganas de cambiar de aires, no apetece para nada preparar la maleta y los bolsos de viaje. Sólo de pensar en cómo organizarla, ya nos entran sudores, sobre todo si viajamos en avión. Y es que este medio de transporte —el más seguro del mundo, según dicen por ahí—es bastante exigente con el equipaje.
Por cada kilo que supere el límite, la aerolínea nos cobrará un dinerillo extra. Así que, para que no nos suceda esto, debemos poner en marcha algunas estrategias.
Menos prendas de vestir y más conjuntos
Lo primero que hay que hacer es pensar cuánto tiempo vamos a estar en el lugar de destino y qué temperaturas vamos a tener durante el día y la noche. Si en el sitio a donde vamos refresca cuando cae la tarde, con echar una chaqueta y un pañuelito para el cuello es suficiente (no hace falta más).
En cuanto al calzado, sucede lo mismo. Como es verano, para andar por la habitación del hotel, basta con un par de chanclas. Si el destino es de costa, habrá que echar otro par más para la playa o la piscina. En cambio, si no hay nada de playa ni piscina, simplemente bastará con meter dos pares de zapatos.
Las alpargatas planas son muy cómodas y, al ser cerraditas, nos pueden servir también para las rutas de senderismo (así nos ahorramos las deportivas, que son algo más aparatosas).
La regla que no falla en toda maleta pequeña
En cuanto a los conjuntos, lo más eficaz es echar en la maleta ropa que combine bien entre sí. Algunos aplican el método 3-3-3, que consiste en elegir tres prendas de vestir superiores (por ejemplo: dos blusas y una camiseta), tres prendas de vestir inferiores (por ejemplo: dos faldas y un pantalón) y tres pares de zapatos.
Quizás esta regla 3-3-3 podríamos adaptarla un pelín y, en lugar de introducir tres pares de zapatos, meter sólo dos y sustituir el otro par por un pijama (que también nos hará falta, ¿no?).
Para el pijama, lo mejor es escoger uno de manga corta y pantalón largo de tela fina. De esta forma, si en la habitación tenemos frío por la noche, nuestras piernas permanecerán bien resguardadas; para taparnos por arriba, siempre hay tiempo de echarse la sabanita por encima, que los hoteles proporcionan al cliente.
Volviendo a los conjuntos, lo ideal es que las blusas y las faldas combinen entre sí. De este modo, según quienes recomiendan la regla 3-3-3, conseguiremos hasta 27 looks diferentes con sólo seis prendas.
Métodos de pago que ocupan menos
A la hora de preparar el bolso de viaje, es fundamental echar la cartera. Con todo y con eso, aunque conviene llevar dinero en efectivo, no es imprescindible vaciar media cuenta bancaria; en su lugar, podemos meter unos 50 euros en el monedero.
Para estancias que no superan los cinco días, esta cantidad puede ser suficiente para cubrir emergencias. Lo ideal es tener los 50 euros en billetes de distintos valores (uno de 20 euros, dos de 10 euros y otros dos de 5 euros).Es más, si podemos cambiar uno de 5 euros por monedas de 1 euro, mejor que mejor. Así también tendremos calderilla suelta.
De todas formas, a la hora de viajar, el ingrediente principal de la cartera debería serla tarjeta. Este método de pago cashless (sin efectivo) es más seguro que llevar media cuenta bancaria en forma de billetes y monedas. También es más rápido y no tenemos que preocuparnos por cambiar de divisa.
Además, es un método de pago discreto y apenas ocupa lo que un cromo de fútbol en el bolso de viaje (o sea, nada).¡Eso sí! Hay que procurar utilizar una tarjeta de débito; así el crédito no nos tienta, no nos anima a gastar más dinero del previsto.
Descubre la maravillosa técnica de Marie Kondo
De ahora en adelante, cuando hagamos la maleta, deberá aparecer en nuestra mente dos palabras: Marie Kondo, el nombre de una experta en organización japonesa cuyo método KonMari ha revolucionado la forma en que los viajeros entendemos el orden dentro de la maleta.
Con este método, la ropa se dobla en buenas condiciones, sin arrugas y de tal forma que ocupa menos espacio en la maleta. Si a esto le añadimos que, previamente, hemos seleccionado lo justo y necesario con la regla 3-3-3, el resultado final es una maleta pequeña o un bolso de viaje con todo lo necesario y bien ordenado.
¿En qué consiste?
En Internet circulan varios vídeos que muestran cómo doblar ropa con el método KonMari, ya sean pantalones, camisetas, sudaderas, faldas… El objetivo es plegar la prenda hasta dejarla reducida a una especie de rectángulo o cuadrado pequeño que, una vez en la maleta, guardaremos en posición vertical.
De este modo, la ropa ocupa menos espacio. De hecho, es muy posible que esta forma de colocarla en la maleta nos recuerde a los libros que, en casa, seguramente tenemos de pie en las estanterías, unos al lado de otros.
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